Donde descansa el Rey

Hay muertes que ponen punto final a una historia y otras que parecen inaugurarla de nuevo. Cuando Elvis Presley murió el 16 de agosto de 1977, en la misma casa donde había vivido durante dos décadas, el mundo perdió a una de las figuras más importantes de la música popular del siglo XX. Tenía 42 años y llevaba ya mucho tiempo convertido en algo más que un cantante: era un símbolo cultural, una celebridad mundial y, para millones de personas, la encarnación misma del rock’n’roll. Su carrera había atravesado el nacimiento del género, la televisión, Hollywood, el servicio militar, los grandes escenarios de Las Vegas y una transformación artística y personal que lo había llevado desde aquel joven de Memphis que escandalizaba a la América conservadora hasta convertirse en una institución.

Pero Elvis no abandonó Graceland. Su cuerpo sí salió de allí durante unas semanas, pero su historia quedó ligada para siempre a aquella mansión situada en Elvis Presley Boulevard. Hoy, en el jardín situado detrás de la casa, una lápida recuerda al hombre que cambió para siempre la música popular. A su alrededor descansan varios miembros de su familia y, desde que los restos de Elvis fueron trasladados allí en 1977, el lugar se ha convertido en uno de los grandes puntos de peregrinación de la historia de la música. Millones de personas han pasado por Graceland desde que abrió sus puertas al público en 1982 y muchas de ellas terminan el recorrido frente a la misma lápida.

El cementerio de Elvis no es un cementerio convencional. Es su casa, el lugar donde vivió, donde recibió a amigos y familiares, donde escuchó música, donde tomó algunas de las decisiones más importantes de su vida y donde pasó sus últimas horas. Quizá por eso visitar su tumba tiene algo diferente a visitar la de cualquier otra estrella del rock. No llegamos hasta un camposanto para encontrar el nombre de un músico entre cientos de lápidas. Llegamos hasta una casa para descubrir que, detrás de la mansión, el personaje que durante décadas ocupó portadas y escenarios descansa junto a los suyos.


Capítulo II: Memphis – Elvis Presley, enterrado en su propio reino

Memphis es una ciudad construida alrededor de la música. El blues encontró aquí una de sus grandes capitales, el soul convirtió South Memphis en uno de los lugares fundamentales de la música estadounidense y, en Union Avenue, un pequeño estudio llamado Sun Records se convirtió en el escenario donde un joven llamado Elvis Presley comenzó a construir una nueva forma de entender la música popular. Para comprender realmente su importancia hay que mirar más allá de las fotografías, los trajes y los grandes escenarios. Elvis fue una pieza fundamental de una transformación musical que no surgió de la nada, sino de la mezcla entre blues, gospel, country, rhythm and blues y rockabilly.

En ese contexto aparece Graceland. Elvis compró la mansión en 1957, cuando todavía no había cumplido los 22 años y apenas empezaba a acostumbrarse a una fama que crecería de manera descontrolada durante los años siguientes. La casa estaba muy lejos de aquella vida modesta que había conocido durante su infancia y representaba, de alguna manera, todo lo que había conseguido en apenas unos años. Allí vivieron sus padres y su abuela, allí recibió a músicos y amigos, allí se refugió durante algunos de los momentos más complicados de su carrera y allí fue construyendo buena parte de la imagen privada que hoy conocemos a través de fotografías, películas y documentales.

Graceland acabaría siendo mucho más que una residencia. Se convirtió en una extensión de la personalidad de Elvis, con habitaciones decoradas de manera extravagante, una colección de automóviles, salas dedicadas a sus trofeos y discos y todo tipo de objetos que reflejan tanto su enorme éxito como sus gustos personales. Cuando uno recorre la mansión, resulta difícil no pensar en la enorme distancia que existe entre aquel joven que grababa canciones en Sun Studio y el hombre que terminó viviendo rodeado de lujos, asistentes, músicos, familiares y una fama que ya no podía controlar.

Y precisamente allí, en Graceland, terminó su historia.


El último día

La mañana del 16 de agosto de 1977 comenzó aparentemente como tantas otras en la vida de Elvis Presley. Había regresado a Graceland después de una visita nocturna al dentista y tenía previsto continuar con su actividad profesional. Aquella misma noche debía viajar hasta Portland, Maine, donde tenía programado un concierto al día siguiente como parte de una gira que lo mantenía constantemente sobre los escenarios. Su vida seguía marcada por los viajes, los conciertos y una agenda profesional exigente, aunque durante los últimos años su estado de salud se había deteriorado considerablemente.

Elvis se retiró a su habitación durante las primeras horas de la mañana para descansar antes del viaje. Poco después fue encontrado inconsciente y trasladado al Baptist Memorial Hospital de Memphis, donde fue declarado muerto. Tenía solamente 42 años. La noticia se extendió rápidamente y provocó una reacción mundial que resulta difícil de imaginar desde nuestra perspectiva actual. En 1977 Elvis ya no era simplemente una estrella de la música: era una figura reconocible en prácticamente cualquier rincón del planeta. Su muerte convirtió inmediatamente su trayectoria en materia de leyenda y, al mismo tiempo, abrió una etapa de especulaciones sobre sus últimos años, su estado físico y las circunstancias que habían rodeado su deterioro.

La causa oficial de la muerte fue un fallo cardíaco, aunque las circunstancias relacionadas con su salud y el consumo de medicamentos durante los últimos años han generado desde entonces una enorme cantidad de literatura, documentales y teorías. Para la historia de Graceland, sin embargo, existe un detalle mucho más importante: Elvis murió allí. La casa que durante veinte años había sido su refugio se convirtió también en el lugar donde terminó su vida. Su muerte transformó inevitablemente la relación entre Graceland y sus seguidores, porque a partir de entonces aquella propiedad dejó de ser solamente el hogar de una estrella y pasó a convertirse en uno de los lugares más importantes de la memoria del rock.


Del cementerio a Graceland

Después del funeral, celebrado el 18 de agosto de 1977, Elvis fue enterrado inicialmente junto a su madre, Gladys Presley, en el Forest Hill Cemetery de Memphis. Sin embargo, aquella no sería su ubicación definitiva. Poco después se produjo un intento de robo relacionado con la tumba, circunstancia que contribuyó a que las autoridades y la familia decidieran trasladar los restos a un lugar considerado más seguro. En octubre de 1977, Elvis y Gladys fueron enterrados de nuevo en Graceland, en el espacio conocido como Meditation Garden.

El traslado tenía además una carga simbólica evidente. Elvis había convertido Graceland en su casa desde 1957 y allí había pasado la mayor parte de sus años de fama. Llevar sus restos hasta aquel jardín suponía, en cierto modo, devolverlo al lugar al que pertenecía dentro de la historia familiar. Desde entonces, el Meditation Garden ha sido el punto final de prácticamente todas las visitas a Graceland y uno de los lugares más fotografiados de la propiedad.

Junto a Elvis descansan varios miembros de su familia. Allí se encuentran las tumbas de sus padres, Vernon y Gladys Presley, la de su abuela Minnie Mae Presley, y también la de su nieto Benjamin Keough. La presencia de la familia hace que el espacio tenga una dimensión diferente a la de un simple monumento dedicado a una celebridad. No es un mausoleo construido para convertir al artista en una figura monumental, sino un pequeño jardín familiar que acabó transformándose en uno de los lugares de peregrinación musical más conocidos del mundo.

Y esa diferencia se percibe cuando llegas hasta allí. Antes de encontrarte con la lápida has recorrido la casa, has visto sus habitaciones, sus fotografías, sus discos, sus trajes y sus automóviles. Has conocido al personaje público y, aunque sea de una manera inevitablemente filtrada por el museo, también has entrado en su espacio privado. Solo entonces aparece la tumba. La visita empieza siendo una aproximación a Elvis y termina siendo un encuentro con su muerte.


El Meditation Garden

El Meditation Garden no tiene la monumentalidad de algunos de los grandes cementerios europeos. No hay largas avenidas de mausoleos, esculturas gigantescas ni interminables filas de lápidas. Es un espacio relativamente pequeño situado detrás de la mansión y rodeado de vegetación, precisamente por eso resulta bastante fácil entender por qué la familia eligió este lugar para enterrar a sus muertos.

La lápida de Elvis recibe constantemente flores, fotografías, mensajes y pequeños recuerdos de visitantes procedentes de todo el mundo. Algunos llegan hasta allí con la emoción evidente de quien lleva décadas escuchando sus canciones; otros simplemente quieren hacerse una fotografía delante de uno de los lugares más reconocibles de la historia de la música. Entre ambos extremos existe una enorme variedad de visitantes, porque Graceland ha dejado de pertenecer exclusivamente a los seguidores originales de Elvis. Su figura ha pasado de generación en generación y continúa formando parte de la cultura popular incluso entre personas que nacieron muchos años después de su muerte.

Hay algo paradójico en todo ello. Elvis terminó convirtiéndose en uno de los personajes más famosos del planeta y, al mismo tiempo, su tumba se encuentra en el jardín de una casa que continúa siendo reconocible como su hogar. No es necesario imaginar dónde estaría hoy, porque una parte de su vida permanece físicamente allí. Puedes recorrer el salón donde recibió a sus invitados, ver la habitación de televisión, entrar en la Jungle Room, contemplar sus coches y terminar caminando hasta el lugar donde está enterrado.

En pocas visitas relacionadas con la historia del rock se produce una conexión tan directa entre vida, casa y muerte.


Graceland, el autorretrato de Elvis

Quizá una de las mejores maneras de entender a Elvis Presley sea recorrer Graceland sin intentar separar al hombre del personaje. La casa es excesiva en muchos sentidos, pero esa exageración forma parte precisamente de lo que la hace interesante. La decoración, los colores, las alfombras, los muebles, los objetos personales y las diferentes habitaciones muestran a un Elvis muy alejado de la imagen en blanco y negro del joven que aparece en las primeras fotografías de Sun Records.

La célebre Jungle Room es probablemente el ejemplo más conocido. Su decoración, hoy convertida en una de las imágenes más reconocibles de Graceland, puede parecer extravagante hasta el punto de resultar casi surrealista. Sin embargo, también permite acercarse a los gustos reales de Elvis y entender cómo había cambiado su mundo durante los veinte años que separan sus primeras grabaciones de sus últimos conciertos. En otra parte de la propiedad se encuentra el Racquetball Building, donde se conservan espacios relacionados con los últimos años del cantante y donde resulta especialmente fácil imaginar la vida cotidiana que se desarrollaba alrededor de Graceland.

Después están los trajes, los discos de oro, los automóviles, los objetos personales y toda la iconografía que ha ido acumulándose alrededor del artista. Es inevitable que una visita así tenga una dimensión de museo, pero Graceland conserva una diferencia fundamental respecto a una exposición convencional: Elvis vivió allí. No estamos entrando en un escenario reconstruido para representar una época. Estamos caminando por un espacio que formó parte de su vida real.

Y eso cambia la percepción del visitante.


Memphis antes y después de Elvis

Sería un error viajar hasta Memphis pensando únicamente en Elvis. La ciudad tenía una identidad musical extraordinaria antes de que él apareciera y continuó desarrollándola después. De hecho, una de las mejores maneras de comprender lo que hizo Elvis consiste precisamente en escuchar los sonidos que lo rodeaban y descubrir las tradiciones musicales de las que tomó elementos para construir su propio estilo.

La primera parada imprescindible es Sun Studio, en el 706 de Union Avenue. Allí, en 1954, un joven Elvis entró para grabar unas canciones y terminó iniciando una colaboración con Sam Phillips que cambiaría su vida. El pequeño estudio sigue abierto al público y conserva una importancia histórica enorme. Allí también grabaron artistas como Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins, nombres fundamentales para entender el nacimiento del rock’n’roll y la escena musical de Memphis durante los años cincuenta.

Después merece la pena dirigirse hacia Beale Street, el corazón histórico del blues de Memphis. La calle está profundamente ligada a músicos como B.B. King y a la evolución del blues eléctrico, y sus locales siguen formando parte de la identidad turística y musical de la ciudad. Recorrerla ayuda a comprender que el rock’n’roll de Elvis no apareció de la nada: había una tradición afroamericana de blues, gospel y rhythm and blues que fue fundamental para la música que acabaría revolucionando Estados Unidos.

La tercera pieza de esta ruta puede ser Stax Museum of American Soul Music, situado en el antiguo emplazamiento de Stax Records. Allí aparecen nombres como Otis Redding, Isaac Hayes y Booker T. & the M.G.’s, y se entiende hasta qué punto Memphis continuó siendo una ciudad musical mucho después del primer gran éxito de Elvis. Si añadimos Graceland al final del recorrido, tenemos prácticamente una historia condensada de la música popular estadounidense del siglo XX.


Una ruta musical por Memphis

Si disponemos de varios días en la ciudad, una buena forma de organizar el viaje sería comenzar por el centro y dedicar una primera jornada a Beale Street y a los espacios relacionados con el blues. La zona permite caminar, escuchar música en directo y entender la importancia histórica de Memphis antes de desplazarnos hacia los lugares relacionados directamente con Elvis.

El segundo día puede estar dedicado a Sun Studio y a otros espacios musicales de la ciudad. La visita al estudio no requiere demasiado tiempo y puede combinarse con el Stax Museum, especialmente interesante para quienes quieran ampliar la ruta más allá del rock’n’roll. Memphis tiene suficiente historia musical como para que limitar el viaje a Graceland resulte casi una oportunidad perdida.

Y entonces llega Graceland.

La visita merece varias horas, especialmente si queremos recorrer la mansión y las diferentes exposiciones que forman parte del complejo. La experiencia termina en el Meditation Garden, donde están enterrados Elvis y varios miembros de su familia. Llegar hasta allí después de haber recorrido su casa cambia completamente la percepción de la tumba. Ya no es simplemente el lugar donde está enterrado un cantante famoso, sino la última pieza de un recorrido por la vida de una persona que pasó de ser un joven músico prácticamente desconocido a convertirse en uno de los mayores iconos culturales del siglo XX.


Cómo llegar y visitar la tumba de Elvis

Graceland

Dirección: 3764 Elvis Presley Boulevard, Memphis, Tennessee 38116, Estados Unidos.

Graceland se encuentra al sur de Memphis, muy cerca del aeropuerto internacional de la ciudad. La visita habitual a la mansión incluye el acceso al Meditation Garden, que constituye el final del recorrido. El complejo ofrece diferentes modalidades de entrada y experiencias, por lo que conviene consultar las condiciones y horarios antes de viajar.

Existe también una posibilidad interesante para quienes únicamente quieran acercarse hasta las tumbas: Graceland ofrece actualmente acceso a pie al Meditation Garden de forma gratuita en determinadas franjas de primera hora de la mañana. Según la información oficial, este acceso se realiza normalmente entre las 7:30 y las 8:30, aunque los horarios pueden variar en función de eventos especiales y otras circunstancias.

Mi recomendación, sin embargo, es no viajar hasta Memphis únicamente para ver la lápida. Graceland merece la visita completa y, sobre todo, merece ser entendida dentro del contexto musical de la ciudad. Si disponemos de tiempo, lo ideal es combinarla con Sun Studio, Beale Street y Stax para construir una auténtica ruta musical por Memphis.


Para escuchar

Hay muchas maneras de entrar en la música de Elvis Presley. Podemos hacerlo a través de sus primeras grabaciones en Sun Records, de sus grandes éxitos de los años cincuenta, de sus discos de gospel, de sus canciones de los años sesenta o incluso de sus actuaciones de Las Vegas. Para esta ruta, sin embargo, escogería dos canciones que permiten observar los dos extremos de su carrera.

La primera sería “Mystery Train”, grabada en Sun Records en 1955. Es una de las canciones que mejor representan al Elvis joven, todavía ligado a aquel sonido áspero y energético que estaba ayudando a definir junto a músicos como Scotty Moore y Bill Black. Escucharla en Memphis, después de visitar Sun Studio, permite entender de una manera mucho más concreta qué estaba ocurriendo en aquella ciudad durante los años cincuenta.

La segunda sería “Suspicious Minds”, grabada en 1969. La canción pertenece a una etapa muy diferente, cuando Elvis estaba intentando recuperar una posición artística después de varios años dominados por sus películas y por una carrera que había perdido parte del impulso inicial. La interpretación vocal es extraordinaria y representa uno de los grandes momentos de su regreso a la música en directo. Entre “Mystery Train” y “Suspicious Minds” hay catorce años de diferencia, pero también una vida entera de cambios.


Para leer

Para acompañar la visita recomendaría Last Train to Memphis: The Rise of Elvis Presley, de Peter Guralnick, uno de los trabajos fundamentales sobre los primeros años de la carrera de Elvis. Guralnick reconstruye con enorme detalle la infancia, la adolescencia y los comienzos profesionales del cantante, prestando especial atención al contexto musical que permitió que aquel joven de Tupelo terminara convirtiéndose en una figura revolucionaria.

La segunda parte, Careless Love: The Unmaking of Elvis Presley, continúa la historia y se adentra en los años posteriores, cuando la fama, Hollywood, las decisiones profesionales y los problemas personales empiezan a transformar profundamente al personaje. Leer ambos volúmenes permite alejarse de la imagen simplificada del Rey y comprender mejor las contradicciones que existían detrás de uno de los personajes más famosos de la cultura popular.

Porque visitar Graceland significa entrar en el mito, mientras que acercarse a una buena biografía significa intentar comprender al hombre que había detrás.


Epílogo: volver a casa

Hay algo profundamente estadounidense en la historia de Elvis Presley. Un chico nacido en una familia humilde de Tupelo, Mississippi, terminó convirtiéndose en una de las personas más famosas del planeta, compró una enorme mansión en Memphis, llenó sus habitaciones de objetos extravagantes y acabó enterrado en el jardín de su propia casa. Podría parecer el argumento de una película, pero ocurrió. Elvis murió en Graceland el 16 de agosto de 1977 y, unas semanas después, sus restos fueron trasladados hasta el Meditation Garden, donde permanece junto a varios miembros de su familia. Desde entonces, generaciones enteras de seguidores han pasado frente a su lápida, algunos para rendir homenaje al artista que escucharon durante toda su vida y otros simplemente para intentar comprender qué había detrás de aquel hombre que cambió para siempre la música popular.

Quizá esa sea la verdadera razón para visitar el Meditation Garden. No se trata únicamente de contemplar una tumba, sino de completar el recorrido que lleva desde aquel muchacho de Tupelo hasta el hombre que terminó convertido en leyenda. Para entender a Elvis hay que conocer Memphis, escuchar el blues de Beale Street, entrar en Sun Studio, donde todo comenzó, y después llegar hasta Graceland, la casa que se convirtió en refugio, símbolo de poder y finalmente en su lugar de descanso. Elvis nació en Mississippi, encontró en Memphis el sonido que necesitaba para convertirse en artista, cambió la música desde un pequeño estudio de Union Avenue y, cuando todo terminó, regresó a casa.

El Rey descansa en Graceland, pero su música sigue recorriendo las calles de Memphis.

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Rutas Musicales

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo