Haight-Ashbury, Fillmore, Avalon Ballroom y las calles donde la música cambió de forma
Entre 1965 y 1967, San Francisco se convirtió en uno de esos lugares que parecen concentrar toda una época en apenas unas calles. La ciudad ya tenía una tradición artística y literaria propia, una fuerte presencia del jazz, el blues y el folk, y una comunidad de escritores y artistas que había convertido North Beach en uno de los centros culturales más interesantes de Estados Unidos. Pero algo estaba a punto de cambiar. En los pequeños clubes de la ciudad comenzaron a aparecer bandas que ya no querían limitarse a tocar canciones: querían crear experiencias. La música se hizo más larga, las guitarras comenzaron a experimentar con el feedback, las luces adquirieron una importancia inédita y el público dejó de comportarse como un espectador convencional para convertirse en parte del espectáculo.
El resultado fue lo que posteriormente se conocería como el San Francisco Sound, una etiqueta que engloba a Jefferson Airplane, Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Quicksilver Messenger Service, Country Joe & the Fish, Moby Grape y muchas otras bandas que encontraron en la ciudad un espacio de libertad creativa. La escena no nació de un único local ni de un único músico, sino de la confluencia entre promotores, artistas gráficos, poetas, activistas, consumidores de LSD y una generación que estaba empezando a cuestionar prácticamente todas las convenciones de la sociedad estadounidense.
El periodo que vamos a recorrer es deliberadamente corto. Comienza en 1965, cuando Jefferson Airplane toca por primera vez en The Matrix y Grateful Dead todavía se llaman Warlocks, y termina en 1967, cuando el Summer of Love convierte Haight-Ashbury en un fenómeno mundial. Entre esos dos momentos se concentran algunos de los meses más extraordinarios de la historia del rock. La ciudad pasó de tener pequeños clubes frecuentados por unos cientos de personas a recibir a decenas de miles de jóvenes atraídos por la promesa de una nueva forma de vida.
Esta ruta permite recorrer ese proceso siguiendo los lugares donde realmente ocurrió. Algunos siguen funcionando como salas de conciertos, otros han desaparecido y algunos solo pueden reconocerse a través de una dirección o una placa. Pero San Francisco conserva suficientes huellas como para reconstruir aquella historia caminando.
1. Antes de la psicodelia: North Beach y la generación Beat
Para entender por qué San Francisco estaba preparada para convertirse en la capital de la psicodelia hay que empezar unos años antes, en North Beach. Durante los años cincuenta, el barrio había sido uno de los centros de la Beat Generation, alrededor de escritores como Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti. La literatura, el jazz, la poesía y una actitud de rechazo hacia la cultura dominante habían creado una comunidad artística que ya estaba experimentando con formas alternativas de entender la vida.
El punto fundamental es City Lights Bookstore, en 261 Columbus Avenue. Fundada en 1953 por Peter D. Martin y Lawrence Ferlinghetti, la librería se convirtió en uno de los centros culturales de la generación Beat y desempeñó un papel fundamental en la publicación de Howl, de Allen Ginsberg, cuyo proceso judicial por obscenidad convirtió a Ferlinghetti y a City Lights en símbolos de la libertad de expresión. La librería continuó siendo durante los años sesenta un punto de encuentro de la contracultura y sigue abierta actualmente.
La relación entre los Beats y el movimiento psicodélico no fue simplemente estética. Existía una continuidad en la búsqueda de experiencias alternativas, en el interés por las filosofías orientales, en la experimentación con drogas y en el rechazo de las convenciones sociales. Cuando la nueva música comenzó a crecer en San Francisco, encontró una ciudad que ya tenía un lenguaje para hablar de libertad, conciencia y transformación.
Por eso la ruta empieza aquí. Antes de escuchar una guitarra eléctrica distorsionada en The Fillmore, conviene caminar por North Beach, entrar en City Lights, acercarse a Caffe Trieste y recordar que la revolución cultural de San Francisco no empezó con una banda de rock. La música llegó después y encontró el terreno preparado.
2. The Matrix: el principio de todo
El siguiente paso nos lleva hasta 3138 Fillmore Street, donde en agosto de 1965 abrió The Matrix, un pequeño club con capacidad para aproximadamente un centenar de personas. El local fue creado por Marty Balin, cantante de Jefferson Airplane, como una especie de base para su nueva banda y como espacio donde pudieran actuar otros músicos de la escena local. La noche de inauguración, el 13 de agosto de 1965, Jefferson Airplane ofreció su primer concierto.
El lugar era pequeño y estaba muy lejos de los grandes escenarios que posteriormente asociamos con la psicodelia. Precisamente por eso resulta tan importante. Aquí la distancia entre músicos y público era mínima y las bandas podían experimentar delante de una audiencia que todavía no esperaba que aquellas canciones fueran a convertirse en clásicos. Por The Matrix pasaron Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Quicksilver Messenger Service, Country Joe & the Fish, Steve Miller Band, The Doors y otros artistas que terminarían formando parte de la historia musical de la ciudad. Algunas actuaciones incluso fueron registradas con una pequeña mesa de cuatro pistas instalada en el club.

El debut de Jefferson Airplane aquí tiene un valor simbólico enorme porque demuestra que la escena ya estaba desarrollándose antes de que el término psychedelic rock se convirtiera en una etiqueta reconocible. La banda todavía estaba definiendo su sonido y Grace Slick aún no formaba parte de la formación; llegaría en 1966 procedente de The Great Society, llevando consigo “Somebody to Love” y “White Rabbit”, dos canciones que terminarían convirtiéndose en himnos de la psicodelia.
El edificio de The Matrix ya no funciona como aquel club, pero la dirección sigue siendo una parada fundamental para quien quiera reconstruir el nacimiento del San Francisco Sound. No queda un gran monumento que explique lo que sucedió allí. Hay simplemente una dirección en una calle de San Francisco y la posibilidad de imaginar una sala diminuta donde, durante unos meses, algunas de las bandas que cambiarían la música estadounidense estaban empezando a descubrir qué podían hacer.
3. The Fillmore: Bill Graham encuentra su escenario
Si The Matrix representa la intimidad, The Fillmore representa la profesionalización de la escena. El edificio de 1805 Geary Boulevard ya había tenido diferentes usos antes de que Bill Graham lo transformara en una de las salas de conciertos más importantes de la historia del rock. El primer concierto de Graham allí se celebró en diciembre de 1965 y tuvo a Jefferson Airplane como uno de los nombres principales del cartel.
Graham entendió muy pronto que aquella nueva música necesitaba algo más que una sala donde colocar un escenario. Los conciertos del Fillmore mezclaban música, iluminación, danza, proyecciones y carteles diseñados por artistas que terminaron desarrollando una estética visual propia. El público acudía a escuchar bandas, pero también a vivir una experiencia. Las actuaciones podían combinar a un grupo de blues con una banda psicodélica, un poeta, un espectáculo de luces o un artista experimental.
Durante 1966, Jefferson Airplane tocó allí repetidamente y compartió cartel con Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Quicksilver Messenger Service y otros grupos. El calendario del local muestra hasta qué punto la programación mezclaba géneros y generaciones: el blues tradicional convivía con las nuevas bandas psicodélicas y con artistas de jazz.
El Fillmore actual continúa funcionando como sala de conciertos en la misma dirección, 1805 Geary Boulevard, aunque el edificio y la experiencia obviamente no son los de 1966. Para una ruta musical tiene una ventaja enorme respecto a muchos otros lugares históricos: sigue siendo un espacio dedicado a la música en directo. Puedes llegar allí cincuenta años después y volver a entrar en una sala donde todavía se programan conciertos.
4. Chet Helms y el Avalon Ballroom
La otra gran figura de esta historia es Chet Helms, promotor, manager y uno de los personajes fundamentales de la contracultura de San Francisco. Helms había creado Family Dog Productions, una organización que inicialmente compartió algunos conciertos con Bill Graham, pero que acabaría desarrollando su propia identidad en el Avalon Ballroom.
El Avalon Ballroom se encontraba en 1268 Sutter Street, en el barrio de Polk Gulch, dentro de un edificio construido en 1911. Helms comenzó a organizar allí conciertos en abril de 1966 y rápidamente convirtió el local en el gran competidor del Fillmore. La primera programación de Family Dog en el Avalon reunió a The Blues Project y The Great Society, y el espacio se convirtió en uno de los lugares fundamentales para la nueva cultura psicodélica.
La diferencia entre Graham y Helms no era únicamente empresarial. Los conciertos de Family Dog tenían una atmósfera especialmente asociada a la contracultura, con espectáculos de luces líquidas y una estética visual construida alrededor de los famosos carteles psicodélicos de artistas como Stanley Mouse, Alton Kelley, Victor Moscoso y Rick Griffin. Aquellos carteles terminaron siendo obras de arte por derecho propio y contribuyeron a definir la imagen que hoy tenemos de la psicodelia californiana.
El Avalon también ocupa un lugar fundamental en la historia de Janis Joplin. Fue allí donde realizó una de sus primeras actuaciones públicas con Big Brother and the Holding Company en 1966, después de que Helms la convenciera para trasladarse desde Texas a San Francisco y unirse a la banda. La llegada de Joplin transformó completamente al grupo y proporcionó a la escena una de sus voces más reconocibles.

El edificio del antiguo Avalon sigue en pie, aunque el local original desapareció hace décadas. Conviene no confundirlo con otros espacios de la zona que han utilizado posteriormente nombres relacionados con Regency: el Avalon estaba en 1268 Sutter Street, una dirección que todavía puede localizarse y que conserva un enorme valor histórico.
5. Haight-Ashbury: el barrio que se convirtió en símbolo
Después de visitar los grandes locales, llega el momento de entrar en el corazón geográfico de la historia: Haight-Ashbury.
El cruce entre Haight Street y Ashbury Street era, a mediados de los sesenta, una zona residencial relativamente barata que empezó a atraer a músicos, artistas, estudiantes y jóvenes que buscaban una alternativa a la vida convencional. La llegada de las nuevas bandas y la proliferación de apartamentos comunitarios hicieron que el barrio se convirtiera rápidamente en el centro de la contracultura de San Francisco.
En 1966, Grateful Dead se instaló en 710 Ashbury Street. La banda había comenzado como Warlocks y había evolucionado hacia una forma de improvisación psicodélica profundamente ligada a los Acid Tests de Ken Kesey y los Merry Pranksters. Cuando el grupo se trasladó a Haight-Ashbury, el barrio ya estaba desarrollando una comunidad en la que música, arte, teatro, drogas psicodélicas y experimentación social convivían diariamente.
La casa de 710 Ashbury se convirtió rápidamente en uno de los símbolos de aquella comunidad. Jerry Garcia, Bob Weir, Phil Lesh, Bill Kreutzmann y Ron “Pigpen” McKernan vivieron allí durante la etapa más intensa del Summer of Love. El edificio sigue siendo una residencia privada, por lo que la visita debe limitarse al exterior, pero continúa siendo uno de los lugares más reconocibles de la ruta.
La dirección también tiene una historia menos amable. En octubre de 1967, miembros de Grateful Dead y otras personas relacionadas con la banda fueron detenidos allí durante una redada antidroga. El episodio se convirtió en uno de los símbolos de la creciente tensión entre la contracultura y las autoridades de San Francisco.
Caminar por Haight-Ashbury hoy exige cierta imaginación. El barrio ha cambiado enormemente y la concentración de jóvenes que existía en 1967 desapareció hace mucho tiempo. Pero las calles siguen permitiendo entender la escala de aquella transformación. No era una comunidad aislada en un festival durante un fin de semana: durante meses, miles de personas intentaron convertir ese barrio en una forma alternativa de vivir.
6. Los Acid Tests: cuando el concierto dejó de ser un concierto
Una de las características que diferenció a San Francisco de otras escenas musicales de mediados de los sesenta fue la relación entre música y experimentación psicodélica. Ken Kesey y los Merry Pranksters organizaron los famosos Acid Tests, acontecimientos en los que música, luces, proyecciones, improvisación y LSD formaban parte de una misma experiencia. Grateful Dead se convirtió en una de las bandas fundamentales de aquellos encuentros y encontró en ellos un espacio donde desarrollar su forma de tocar mucho más libre e improvisada.
El Trips Festival, celebrado en Longshoremen’s Hall en enero de 1966, llevó esa idea a una escala mayor. Durante tres días, miles de personas participaron en una experiencia que combinaba música y elementos audiovisuales y que ayudó a consolidar el modelo de concierto psicodélico que después desarrollarían The Fillmore y Avalon Ballroom. La propia historia oficial de Grateful Dead considera aquellos Acid Tests como un momento decisivo para la formación de su identidad y para el desarrollo de la escena de San Francisco.
Hoy Longshoremen’s Hall sigue existiendo en Fisherman’s Wharf, aunque evidentemente ya no funciona como aquel espacio de experimentación. Es una parada interesante porque permite comprender que la psicodelia no surgió únicamente de las canciones. El público también estaba cambiando su forma de experimentar un concierto.
La música dejaba de ser algo que se escuchaba desde una butaca.
Se convertía en un entorno.
7. Big Brother, Janis Joplin y la voz de San Francisco
Si Grateful Dead representaban la improvisación y Jefferson Airplane aportaban una dimensión más cercana a la canción psicodélica, Big Brother and the Holding Company llevaron el blues y el rock hacia un territorio mucho más físico. La banda había comenzado a formarse en 1965 alrededor de Peter Albin y Sam Andrew, y sus primeros ensayos estuvieron vinculados a la comunidad artística de Haight-Ashbury.
La incorporación de Janis Joplin en 1966 fue decisiva. Helms, que conocía a Joplin desde Texas, consiguió convencerla para trasladarse a San Francisco y unirse a la banda. Su voz áspera, vulnerable y extraordinariamente expresiva encajó con un grupo que ya estaba desarrollando un sonido psicodélico muy libre.
Durante 1966 y 1967, Big Brother and the Holding Company se convirtió en una de las bandas más importantes del circuito de San Francisco. La historia oficial del grupo recuerda su participación en los primeros conciertos psicodélicos, incluidos el Trips Festival y otros acontecimientos fundamentales de la escena.
Su gran momento llegaría en 1967, especialmente después del Monterey Pop Festival, donde Joplin y la banda ofrecieron una actuación que ayudó a convertirla en una estrella nacional. Monterey se encuentra fuera de San Francisco y, por tanto, queda ligeramente al margen de esta ruta, pero merece la pena incorporarlo como una excursión final para quien quiera completar el relato. El viaje desde la ciudad permite cerrar la historia allí donde el San Francisco Sound dejó de ser un fenómeno local y pasó a convertirse en parte de la cultura popular estadounidense.
8. Golden Gate Park: cuando la contracultura salió a la calle
El 14 de enero de 1967, miles de personas se reunieron en los Polo Fields de Golden Gate Park para participar en el Human Be-In. El acontecimiento había sido organizado por Allen Cohen y Michael Bowen con la intención de reunir diferentes sectores de la contracultura de la Bahía: activistas contra la guerra, artistas, poetas y la comunidad psicodélica de Haight-Ashbury. La convocatoria terminó atrayendo a más de 20.000 personas y se convirtió en el gran preludio del Summer of Love.
Sobre el escenario improvisado actuaron Grateful Dead y Jefferson Airplane, mientras Allen Ginsberg, Timothy Leary y otros personajes de la contracultura participaban en el acontecimiento. La infraestructura era sorprendentemente sencilla: un camión hacía las funciones de escenario y los músicos compartían espacio con poetas, activistas y oradores. No se trataba de un festival de rock convencional, sino de una concentración en la que la música era uno de los elementos de una experiencia mucho más amplia.
El Human Be-In fue importante porque convirtió una escena relativamente local en un fenómeno nacional. Los medios comenzaron a prestar una enorme atención a Haight-Ashbury y durante los meses siguientes miles de jóvenes llegaron a San Francisco atraídos por la imagen de una comunidad donde parecían posibles otras formas de vivir.
La realidad sería bastante más complicada.
Pero la imagen ya había nacido.
9. El Summer of Love: cuando el sueño llegó demasiado lejos
Durante el verano de 1967, Haight-Ashbury se convirtió en destino de miles de jóvenes llegados desde todo Estados Unidos. El barrio apareció en periódicos, revistas y programas de televisión y San Francisco pasó a representar, para buena parte del país, la idea de una nueva juventud que rechazaba la guerra, el materialismo y las convenciones sociales.
La música era la banda sonora de aquella transformación. Jefferson Airplane, Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Quicksilver Messenger Service, Country Joe & the Fish y otras bandas actuaban constantemente en los clubes de la ciudad. Los conciertos del Fillmore y Avalon se habían convertido en puntos de encuentro y los carteles psicodélicos que anunciaban las actuaciones empezaban a circular por todo el país.

Pero el Summer of Love también marcó el principio del final de la primera etapa. La llegada masiva de visitantes transformó Haight-Ashbury, aumentaron los problemas de vivienda y delincuencia y la escena que había nacido como una comunidad relativamente pequeña empezó a convertirse en un espectáculo turístico. El sueño de una ciudad alternativa resultaba mucho más difícil de mantener cuando miles de personas llegaban buscando precisamente aquello que los medios habían prometido.
A finales de 1967, algunos de los protagonistas comenzaron a abandonar el barrio. Grateful Dead se trasladó progresivamente hacia Marin County y otras comunidades musicales de la Bahía. La escena no desapareció, pero dejó de ser aquella pequeña concentración de músicos, artistas y amigos que había existido dos años antes.
La revolución había dejado de ser secreta.
Y quizá ese fue su mayor problema.
10. Las bandas que definieron el San Francisco Sound
No existe una única fórmula para definir el sonido psicodélico de San Francisco. Jefferson Airplane construía canciones más estructuradas y melódicas, mientras Grateful Dead desarrollaban largas improvisaciones en las que las canciones podían convertirse en viajes sonoros. Big Brother and the Holding Company introducía una intensidad vocal cercana al blues y Quicksilver Messenger Service exploraba las posibilidades de la guitarra y la improvisación.
A su alrededor surgieron Country Joe & the Fish, Moby Grape, The Charlatans, Blue Cheer, Kaleidoscope y muchas otras bandas. Algunas alcanzaron éxito nacional; otras permanecieron vinculadas al circuito local. Lo que compartían no era necesariamente un sonido, sino una actitud frente a la música. Los conciertos permitían experimentar, las fronteras entre artistas y público eran más difusas y las luces y las artes visuales formaban parte de la experiencia.
También era importante la relación entre las bandas. Los músicos compartían escenarios, casas, managers, promotores y amigos. Chet Helms estaba relacionado con Big Brother and the Holding Company y con el Avalon. Bill Graham construía su propia red alrededor del Fillmore. Grateful Dead se movían entre los Acid Tests, los clubes y las comunidades de Haight-Ashbury. La escena funcionaba como una red mucho más que como una colección de bandas independientes.
Ese carácter comunitario explica en buena medida por qué San Francisco consiguió producir tantos grupos importantes en tan poco tiempo.
11. La ruta a pie
Una buena ruta por el San Francisco psicodélico puede hacerse en tres o cuatro días, aunque quienes quieran profundizar pueden dedicar una jornada adicional a Monterey.
El primer día lo dedicaría a North Beach, comenzando en City Lights Bookstore y recorriendo el antiguo territorio Beat. Desde allí se puede avanzar hacia Fillmore Street y localizar el antiguo The Matrix, en 3138 Fillmore Street. El edificio ya no funciona como el pequeño club de 1965, pero la dirección permite situar el lugar exacto donde Jefferson Airplane comenzó su historia en directo.
El segundo día debe concentrarse en el eje formado por The Fillmore y el antiguo Avalon Ballroom. El actual Fillmore, en 1805 Geary Boulevard, sigue funcionando como sala de conciertos y es una de las mejores paradas de toda la ruta porque permite conectar pasado y presente. Después podemos desplazarnos hasta 1268 Sutter Street, donde estaba el Avalon. El edificio actual no conserva el local de 1966, pero la dirección es perfectamente identificable.
El tercer día pertenece a Haight-Ashbury. Hay que caminar por Haight Street, llegar al cruce con Ashbury Street y continuar hasta 710 Ashbury Street, la antigua casa de Grateful Dead. Desde allí podemos dirigirnos hacia Golden Gate Park y terminar en los Polo Fields, donde tuvo lugar el Human Be-In del 14 de enero de 1967. El recorrido permite comprender cómo el espacio urbano se convirtió en parte de la historia musical.
Si disponemos de un cuarto día, merece la pena seguir las huellas de Janis Joplin y Big Brother and the Holding Company y, si el viaje coincide con la agenda adecuada, asistir a un concierto en alguno de los locales actuales que mantienen viva la tradición musical de la ciudad.
12. Discografía para hacer el viaje
La mejor manera de recorrer esta ruta es hacerlo con una pequeña banda sonora. No hace falta escuchar todos los discos de la época, pero sí aquellos que permiten seguir la evolución del sonido entre 1965 y 1967.
- Jefferson Airplane — Jefferson Airplane Takes Off (1966). El comienzo de la historia, todavía con un pie en el folk rock.
- Jefferson Airplane — Surrealistic Pillow (1967). El disco que convirtió a la banda en uno de los grandes nombres de la psicodelia.
- Grateful Dead — The Grateful Dead (1967). Una primera fotografía de la banda antes de que su directo se convirtiera en su verdadero territorio.
- Big Brother and the Holding Company — Big Brother & the Holding Company (1967). La primera etapa de la banda y una buena introducción al sonido que acompañaría a Janis Joplin.
- Quicksilver Messenger Service — Quicksilver Messenger Service (1968). Aunque se publicó después del periodo central de esta ruta, recoge perfectamente la evolución de la escena.
- Country Joe & the Fish — Electric Music for the Mind and Body (1967). Psicodelia, humor, experimentación y espíritu contracultural.
- Moby Grape — Moby Grape (1967). Uno de los discos más ambiciosos surgidos de aquella escena.
- The Great Society — Conspicuous Only in Its Absence (1968). Especialmente interesante para seguir el recorrido de Grace Slick antes de Jefferson Airplane.
Y, por supuesto, algunas canciones deberían sonar mientras recorremos la ciudad: “Somebody to Love”, “White Rabbit”, “Somebody to Love”, “I Know You Rider”, “The Golden Road (To Unlimited Devotion)” y “Ball and Chain” permiten escuchar diferentes caras de aquel San Francisco.
13. Carteles, luces y la estética de una revolución
Una de las razones por las que todavía reconocemos inmediatamente una imagen psicodélica de San Francisco es que la música desarrolló una identidad visual extraordinariamente poderosa. Los carteles de los conciertos del Fillmore y Avalon no eran simples anuncios. Artistas como Wes Wilson, Stanley Mouse, Alton Kelley, Victor Moscoso y Rick Griffin crearon una estética basada en tipografías deformadas, colores intensos, formas orgánicas y composiciones que parecían cambiar de forma cuando se observaban durante unos segundos.
Las luces eran igualmente importantes. Los conciertos podían incluir proyecciones, líquidos coloreados, imágenes superpuestas y efectos visuales que transformaban las paredes de las salas. El objetivo no era simplemente iluminar a la banda, sino modificar la percepción del espacio.
Todo ello explica por qué resulta imposible separar el San Francisco Sound de su estética. La psicodelia no estaba únicamente en las canciones. Estaba en los carteles, en las portadas, en la ropa, en las luces y en la manera de convertir un concierto en una experiencia colectiva.
14. Consejos prácticos para la ruta
San Francisco permite realizar buena parte del recorrido utilizando transporte público y caminando. Haight-Ashbury, Golden Gate Park y North Beach son zonas que merece la pena recorrer a pie, mientras que para conectar los antiguos Fillmore y Avalon con el resto de la ruta resulta más cómodo utilizar autobús o tranvía.
Conviene recordar que muchas de las localizaciones históricas son hoy edificios privados o establecimientos completamente diferentes. El antiguo The Matrix no funciona como club y 710 Ashbury es una vivienda particular. No hay que intentar acceder a estos lugares: el interés está en localizar la dirección y entender qué ocurrió allí. En el caso de 710 Ashbury, la propia oficina de turismo de San Francisco recomienda limitarse al exterior y recuerda que actualmente es una residencia privada.
En cambio, The Fillmore continúa siendo una sala activa y su dirección actual es 1805 Geary Boulevard. Es recomendable consultar su programación antes del viaje, porque asistir a un concierto allí puede convertirse en una de las mejores maneras de cerrar el círculo entre el San Francisco de 1966 y el actual.
Para quienes quieran profundizar en la historia de la contracultura, también merece la pena combinar la ruta musical con un recorrido por North Beach dedicado a la Beat Generation. San Francisco City Guides ofrece actualmente rutas centradas en Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti y los espacios de North Beach relacionados con aquel movimiento.
15. Para leer y escuchar
Para preparar el viaje merece la pena acercarse a la historia de la ciudad desde diferentes perspectivas. City Lights continúa siendo un excelente punto de partida porque permite conectar la escena musical con la tradición literaria que la precedió. La librería sigue funcionando en su ubicación histórica de Columbus Avenue y mantiene viva la relación entre San Francisco y la contracultura.
Musicalmente, Surrealistic Pillow de Jefferson Airplane (1967) debería ser uno de los discos imprescindibles antes de viajar. “White Rabbit” y “Somebody to Love” resumen perfectamente la dimensión más popular y accesible de aquella psicodelia, mientras que Grateful Dead ofrecen una aproximación mucho más abierta e improvisada. En el caso de Big Brother and the Holding Company, merece la pena escuchar sus primeras grabaciones y después acercarse a las actuaciones que hicieron de Janis Joplin una de las voces fundamentales de la época.
Pero quizá la mejor banda sonora sea simplemente la que acompañe el paseo. Escuchar “White Rabbit” mientras subes por Haight Street, “The Golden Road” cerca de 710 Ashbury o “Somebody to Love” caminando hacia Golden Gate Park permite establecer una conexión extraña pero efectiva entre la ciudad actual y las fotografías de hace casi sesenta años.
16. Epílogo: cuando San Francisco quiso cambiar el mundo
Entre 1965 y 1967, San Francisco consiguió algo que pocas ciudades han conseguido en tan poco tiempo: crear una escena musical que parecía inseparable de una determinada forma de entender la vida. Jefferson Airplane, Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Quicksilver Messenger Service y el resto de bandas no fueron simplemente grupos que coincidieron geográficamente. Compartieron escenarios, amigos, promotores, casas y una misma voluntad de experimentar con la música y con las posibilidades de una cultura diferente.
La historia comenzó en lugares pequeños como The Matrix y creció en salas como The Fillmore y Avalon Ballroom. Después salió a las calles de Haight-Ashbury y terminó reuniendo a decenas de miles de personas en Golden Gate Park. El Human Be-In de enero de 1967 fue la imagen perfecta de aquel momento: músicos, poetas, activistas y jóvenes reunidos alrededor de un escenario improvisado, convencidos de que la cultura podía ser una herramienta para cambiar la sociedad.
Pero también hubo una paradoja. La misma atención que convirtió San Francisco en la capital mundial de la contracultura contribuyó a destruir aquello que había hecho posible el movimiento. Haight-Ashbury se llenó de visitantes, la prensa convirtió la experiencia en espectáculo y la industria discográfica comenzó a transformar aquella música en un producto comercial. El sueño comunitario no podía mantenerse intacto después de convertirse en una atracción internacional.
Y, sin embargo, la música sobrevivió.
Eso es lo que queda cuando recorres hoy aquellas calles. No la ilusión de que en Haight-Ashbury todavía viven los mismos jóvenes de 1967, ni la idea romántica de que todo aquello fue exactamente como cuentan las fotografías. Lo que permanece es algo más interesante: la certeza de que durante un breve periodo un grupo de músicos decidió que una canción podía durar diez minutos, que una guitarra podía sonar como nunca antes, que un concierto podía convertirse en una experiencia colectiva y que una pequeña sala podía tener más importancia cultural que un estadio.
San Francisco no inventó la psicodelia, pero entre 1965 y 1967 encontró la manera de convertirla en una cultura propia. Para seguir sus huellas basta con caminar desde North Beach hasta Haight-Ashbury, detenerse frente a 710 Ashbury, buscar las direcciones de The Matrix y Avalon Ballroom, entrar en The Fillmore y terminar en Golden Gate Park.
Cuando cae la tarde y la niebla empieza a entrar desde el Pacífico, resulta fácil entender por qué aquella ciudad fue capaz de producir una música que todavía hoy parece estar buscando hacia dónde ir.
La ruta termina aquí.
La música, afortunadamente, no.





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